¡Pero cómo se puede ser así! Te vas al corazón de la selva africana más inexplorada para encontrarte con una remota tribu de costumbre antropófagas, ¡y vas y llevas un jamón que no es Navidul! Si es que se veía venir, el honorable (y muy particular) oráculo va ha hablar, ¡y vosotros dependiendo de un jamón cualquiera!
Ay… cómo se puede jugar así con los sentimientos de una monada semejante. Él que recordaba esas tardes de montadito de jamón Navidul. Tan sabroso, tan suculento… y vosotros le lleváis cualquier cosa. Se veía venir. ¡A la olla!
La moraleja que podemos extraer de esta sabia fábula es la siguiente: ¡No te la juegues! Con Navidul sabes que vas a tener siempre un buen jamón. Ningún oráculo, por mono que éste sea, podrá ponerte la menor pega. Así que, no seas como el padre del anuncio, que ya lo dice el muchachillo de la tribu “tu padre es un cutre”
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